Al final levanté la cabeza. Pues el silencio invadía cada rincón de mi mente hiriendo la musicalidad de tu respiración. Me mirabas con pena, con remordimiento quiza. La sensación estaba fija en mi cerebro. El tacto, el hormigueo al rededor de mi rostro y mi estomago. El amor entrando como un torrente de agua entre mis huesos. El momento en que decidí dejar de pensar para solo sentir. Tu cabeza en mi hombro en el metro. Cuanta paz... Cuanta calidez.
-Forjé una existencia basada en un sentimiento. Dejé que aquella sensación fuese la única fuerza que alimentase mi ser. Y pude vivir de ello, pero fue un error.
-Si tu quieres creér eso- respondiste con desdén, pues mis palabras atravezaron como una daga helada tu pecho. En ese momento te parecías tanto a tí que dudé por un segundo. Pues ya empezaba a caer en la cuenta de lo que en realidad estaba ocurriendo. El torrente de luz plateada se interrumpió por un instante, con seguridad debido al paso fugaz de alguna nube. Cuando estalló de nuevo a través de mi ventana se clavó en tus ojos. Se tornaron grises. Como cuando la lluvia recorría las calles y tu mirada se perdía en miles de pensamientos inconexos, en lugares inexplorados que solo tu podías percibir. Espacios pequeños, existentes entre la brecha de la realidad tangible y los limites de la imaginación. Dejé escapar una ligera sonrisa. Ese gesto tuyo siempre me fascinó.
-Eres un tonto- dijiste al fin. -Para mí no fue un error. Lo que pasó simplemente pasó, sin culpa. Ese sentimiento simplemente se terminó.
-Yo continuo sintiendo. Dime por que no puedo dejar de hacerlo. El sentimiento habita en mi corazón y es tan grande que trata de escapar del pequeño rincón en el que lo sepulté por miedo al dolor. Y allí es prisionero y estalla de cólera porque quiere libertad. Al igual que yo. Siempre fuiste mi libertad. Las ganas de soñar. La capacidad de volar y mantenerme en el aire a pesar de que todo se opusiese. De que existiese una distancia enorme, un oceano entero entre mi hogar y mi oportunidad de ser libre.
-Yo tambien renuncié a todo...
-¡No renunciaste a nada! No te pedí que lo hicieses. No quise que pasara.
-Pero lo hice. Para mi tambien era un sueño. ¡Tu tambien me fallaste a mí!- tu rostro reflejó el sufruimiento que quiza yo esperaba que sintieses.
-No- dije después de un breve silencio. -No se trata de tí. Es por eso que estas aquí. No eres una antítesis de mi planteamiento. Ni mi enemiga, ni mucho menos. Eres sencillamente un desdoblamiento de mi ser- . Sobre tu cara se cruzó una sombra y tu cabello empezó a oscurecer por momentos.
-No puedo darte respuestas chiquito.- dijiste con una sonrisa, llamandome de la manera en que solías hacerlo.
-Ya- dije con ironía, burlandome de mi mismo. -No puedes darme sus respuestas. Solo puedes darme las mías pues son las únicas que conoces. Aunque yo mismo las ignore por completo. ¿Verdad?
-Ya no necesitas respuestas. El conflicto ha terminado. El amor esta ahí- dijo el espectro que se parecía tanto a ti, -incluso en ella. Eso no lo sabes. Pero no es tu problema, ni tu causa. Es la suya, es su conflicto. No te concierne el buscar respuestas por ella ni para ella. Es el momento de que pierdas el miedo a volar de nuevo-. Aquella fantasía se acercó a mí, acarició mi rostro con ternura.
-Como quisiera besar sus labios una vez más- dije.
-Lo sé- desapareció con una sonrisa al levantar mi rostro con las manos, poniendose de pie. Justo como tú solías hacerlo.
El vaso de vino sobre la mesa completamente lleno probaba la inexistencia de aquel ser. Sonreí para mis adentros pensando que estaba completamente desquisiado. Pero algo cambio en mí en ese momento. Ya no hay más conflicto, aunque a veces la melancolía alimente mi ansiedad. Me dí cuenta de que sigo amando, y eso estará ahi quiza por siempre. Pero la vida continua, a pesar de que los sueños se rompan. Espero amada mía que tus fantasmas no te aterroricen en las noches frias.
El amor existe aunque la amada sea inventada y venga a visitarme en sueños. En ocasiones cuando no puedo dormir, tu recuerdo viene a verme y me consuela. Incluso alguna vez ha llegado a amarme.
Con amor,
el amante.
