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La Coctelera

cagusir

23 Febrero 2007

Cuento Epístolar. Primera parte.

Cuento Epistolar

Por Carlos Andrés Campuzano Cárdenas

“Todo amor es fantasía;

Él inventa el año, el día,

la hora y su melodía;

inventa el amante y, más,

la amada. No prueba nada,

contra el amor, que la amada

no haya existido jamás”

Antonio Machado.

Amada, amadísima mía,

La otra noche, mientras intentaba conciliar el sueño. Un aterrador silencio invadió con impunidad mi morada. Me retorcía entre mis sábanas tratando de alejar los aterradores pensamientos que me mantenían despierto. De repente un frío sepulcral recorrió toda mi humanidad y el sonido lejano de pasos livianos sobre la fría roca de la calle estremeció la poca claridad mental que aun conservaba. Mantuve silencio mientras aquel andar se aproximaba. En unos pocos minutos estaban en mi casa. ¿Cómo cruzaron la puerta?, es un misterio para mí. Sentía miedo, pues pensé que la muerte por fin me había encontrado y que llegaba mi hora. Los pasos se detuvieron. Asomé la mirada por entre la barandilla con temor y abajo se encontraba la delgada silueta de una mujer. Llevaba una capa con capucha de algún color que en la oscuridad no logré distinguir y que la cubría por completo. Aunque debajo de ella se percibía a intervalos el destello de un traje de color blanco inmaculado. Es la muerte, pensé ipso facto. Ella me llamó por mi nombre, aunque aquella voz no provenía de ella misma sino de alguna parte en el interior de mi cabeza. No respondí, pues no quería responder a su llamado, aunque su tono me pareció cálido y familiar. “No tengas miedo” dijo a continuación y de repente no tuve miedo. Asomé mi cabeza de nuevo y con un gesto me invitó a descender las escaleras. Me levanté de mi lecho tiritando de frío, pues la helada había entrado junto a ella. Bajé al salón y la pude ver. Era una mujer joven, de belleza modesta. Sus ojos eran verdes, al igual que los tuyos, con las pestañas largas y el cabello rizado que escapaba por debajo de la capa que le cubría la cabeza como un sutil manantial entre dorado y cobrizo. Su nariz era recta y sus labios enmarcaban una pequeña boca demasiado sensual. Su piel era blanca, demasiado blanca.

-¿Qué haces aquí?- dije al saber de quien se trataba.

-Tú has deseado verme con todo tu corazón- dijiste. –He venido porque me lo has pedido.

-¡Pero si yo no quiero verte!- exclamé.

-Sabes muy bien que en el fondo de tu alma esa afirmación es mentira. Estoy aquí porque tú me has llamado.

En ese momento quise abrazarte, pero un súbito temor me lo impidió. En lugar de eso, fui a la cocina y con la mayor diligencia, pues temía que al volver ya no estuvieses allí, tomé una botella de vino y dos vasos. El brillo del plenilunio entraba como un caudal de plata por las ventanas, así que no encendí las luces. No quería que aquella mágica atmósfera desapareciese. Destapé la botella y serví el líquido violeta. Nos sentamos mientras te descubrías la cabeza, estabas radiante, pero había algo en ti que no lograba reconocer.

-Dime, ¿qué quieres de mí?- pregunté fascinado.

-Esa es la misma pregunta que yo te hago a ti, lindo- dijiste después de dar un delicado sorbo de vino.

-Creo que me gustaría charlar contigo como hacíamos antaño, cuando a pesar de todo éramos uno, y no este vacío de vida sin vida, de muerte y frío. De soledad y desolación.

-Ya no hay de que hablar- tu rostro reflejo el dolor de una vieja herida que de repente empezaba a sangrar. –Ya todo está dicho.

-Me siento solo.

-Siempre hemos estado solos.

-No siempre. Una vez caminábamos por Madrid, el día fue largo, como suelen serlo en medio del verano, y llegamos a un parque enorme, estaba cerca del Palacio Real y la Almudena, a escasa distancia también del puente de Segovia. Yo estaba muy cansado y me recosté en tus piernas. Tu mano se posó entonces sobre mi cabeza y por primera vez en mi vida sentí como el amor recorría mi cuerpo entero. Tus dedos atravesaban mi cabello y lo recorrían. Percibía el delicado tacto de tu piel sobre mi rostro. Había tanta paz en mi corazón que en ese instante me quedé dormido. Tú no te moviste durante todo mi sueño, aunque oscurecía y debíamos marcharnos. En ese momento fui feliz.- El fragor del recuerdo brillo en tus ojos, pero enseguida desapareció y me miraste con ternura.

-Deja de vivir en el pasado- dijiste al cabo de unos segundos. –Eso ya fue, al igual que todo lo que fuimos tú y yo-. Tenías razón....

servido por Carlos Andrés 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Diego Chaustre

Diego Chaustre dijo

Es bueno ver escrito, lo que en el pasado ha quedado, los nervios de no saber en donde se está y menos para donde se va, lo bueno es que el camino siempre lo da el corazon y la cabeza lo dirige.

23 Febrero 2007 | 05:12 PM

Brusi Oliveri

Brusi Oliveri dijo

Que son los miedos ..... los temores ? son parte de la vida misma, estan alli en la mente, si se conserva esa paz interior todos los temores se podran enfrentar ..... y solo quedan como parte de un pasado ...... Quien no teme la muerte ? de alguna manera es el miedo a lo que no entendemos, a lo que no queremos mirar muchas veces, todo lo narrado es desde el corazon y la mente solo puso las palabras, las letras ..... porque es el corazon quien sentio, ..... y siente lo que aun esta latente en ese presente que queda mezclado con el pasado y trata de llevarlo a velocidad al futuro ........... pero denota sentimientos profundos y bellos ..... que solo se quieren compartir en un estado de soledad que es pasajera.

23 Febrero 2007 | 06:49 PM

Hugio Castrum

Hugio Castrum dijo

Carlos, me gusta mucho el dominio del idioma que tienes, eres muy entretenido a la hora de escribir. Me gusta que estes leyendo más a Machado, él es una eminencia.

De tu escrito me gusta la idea de resucitar a los muerto. Darles vida a los dormidos. ¿Que pasaria si pudieramos comunicarnos con el más allá? Pues lo que propones es una charla directa, un encuentro cercano con un viejo recuerdo ya sepultado. No sé como caiste en una trampa del olvido, de la melancolia y te animaste a escribir.

Lo estas haciendo bien muchacho, no dejes de avisarme cuando salga la segunda parte.

Y cuida los derechos de autor porque tiene algunos renglones que me gustaron y pienso robarlos vilmente.

tu amigo hugo

23 Febrero 2007 | 10:42 PM

macla

macla dijo

Que bien.. ;-)

24 Febrero 2007 | 05:43 PM

Rosa Cabarcas

Rosa Cabarcas dijo

Carlos, no se puede vivir en el pasado....
Sé lo que sientes pero....ya sabes!
El cuento me gusta, esta bien escrito.

27 Febrero 2007 | 01:46 PM

Dario Rojas

Dario Rojas dijo

Esta muy bueno mi chinito......avisame pal proximooo capituloo...lo felicitoo

3 Marzo 2007 | 07:59 PM

catalina

catalina dijo

El pasado es algo que nos enseña para el futuro.... lo mas importante de escribir sobre el es saber que es exactamente eso ..pasado. Y mirar con ganas hacia el futuro es lo que nos da las fuerzas para continuar adelante en nuestros planes.
Buen escrito, ojala aprendas de el......

5 Marzo 2007 | 08:09 PM

María Fernanda Reyes

María Fernanda Reyes dijo

COMO SIEMPRE... LO MAXIMO!!!!

3 Abril 2007 | 04:30 PM

Negro

Negro dijo

Muy buen ritmo; habría que trabajar un poco la tensión en el tercer cuarto. Mucho cuidado con los clichés, pueden adornar muy bien, como pueden aburrir ;) Vamos por muy buen camino! Enhorabuena!

8 Abril 2007 | 03:11 AM

Pite

Pite dijo

Lo felicito Cabezón, va por buen camino, siga escribiendo que esa es la mejor manera para encontrar la libertad de la que habla en su cuento... chevere

9 Abril 2007 | 11:27 PM

Rocio

Rocio dijo

Será maravilloso cuando todo aquel que tenga acceso a tus escritos pueda entender la magnitud de lo que expresas....

15 Julio 2007 | 06:11 PM

Carlos A. Campuzano B.

Carlos A. Campuzano B. dijo

La verdad me gusta y creo que con el tiempo iran siendo mejores.

Creo que estas en un muy buen comienzo. Sigue adelante y sigue leyendo mucho que es la mejor manera de refinar estilo

no dejes de enviarme lo que escribas.

21 Noviembre 2007 | 10:13 PM

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